9 jun. 2017

Atenas, la ciudad de la Acrópolis y los grafitis

Al llegar a Atenas intenté comprobar los desastres causados por Syriza. Mi memoria regurgitó  muchas de las informaciones recibidas en España y… me encuentro con una gran urbe atestada de gente y tráfico. Aparentemente el caos no es mayor que en Madrid o Barcelona.

La ciudad se extiende a lo largo de muchos kilómetros. No hay edificios de grandes alturas. Su área metropolitana acoge a unos cuatro millones de almas, como diría Pascual Madoz, toda Grecia no llega a los once.

Las gentes van pendientes de su móvil. Comen y beben mientras caminan. Lían sus cigarrillos. Las terrazas de los bares están ocupadas. De vez en cuando me topo con indigentes que piden o duermen en la calle. Nada que no vea cualquier día en Oviedo o Gijón.

Hay algo que me llamó mucho la atención: la cantidad de grafitis en la ciudad. Es el paraíso de los grafiteros. No hay calle que se libre. Y no hablo del extrarradio, el centro está hasta arriba. Es tal la cantidad de pintadas que hay que los turistas ya se hacen fotos con esos fondos.


Hay otra realidad muy visible: la ciudad está poco limpia. Como también son muy visibles los gatos. Muchos, muchos gatos. Me parece a mí que no se han planteado eso del control gatuno. Son bien recibidos incluso en las terrazas de los restaurantes.

Las zonas guiri parecen seguras. El deambular resultó tranquilo en todo momento. De vez en cuando se ve un grupo de policías que departen entre ellos en plan pachorra. No parecían estar muy estresados.

La crisis, a vista de turista, no se nota de forma especial. La procesión debe ir por dentro. Al parecer Grecia tiene una deuda del 179 por ciento del PIB. Es el segundo país con mayor endeudamiento respecto a su producto interior bruto (PIB). Su deuda per cápita es de 29.020 euros (datos referidos a 2016).

¿Saben lo que me gustó mucho?: la amabilidad de los griegos.

Las cosas del comer y beber nos las ponen muy fáciles. En algunos restaurantes tienen carta en español y no es raro toparse con camareros con los que puedes entenderte. Y digo esto ya que ellos ponen todo el esfuerzo y yo mi más que deficiente inglés, lo cual significa que no hablo nada de nada.

Un viaje turístico da para lo que da.


Y Atenas es la Acrópolis, omnipresente en la retina de los turistas que no nos cansamos de fotografiarla desde todos los ángulos posibles. Antes de acceder a ella tomamos, no iba solo, el primer contacto con el famoso barrio de Plaka. Tiendas, restaurantes y bares esperan las riadas de visitantes. Desde esta zona comienza el peregrinaje hacia la ciudad alta.

Como el sol aprieta nos hacemos con provisión de agua. Luego vendrá la ascensión y las colas para hacer fotografías. Idiomas y colores distintos se mezclan, a no ser los asiáticos que esos van todos juntos persiguiendo un estandarte. A los españoles se les oye enseguida y andan todos desmandados, cosas de nuestro espíritu ácrata.

Varios grupos de escolares nativos intentan hacerse un hueco. De vez en cuando los profesores los agrupan y la cara de desolación de los impúberes es total.


Fotos y más fotos. Perdí la cuenta de las que hice. En mi descargo he de decir que resulta bastante difícil esquivar a los que se ponen delante del objetivo.

Tras finalizar el recorrido la mayoría nos dirigimos hacia el Museo de la Acrópolis.


Cómo en todos los museos la gente los recorre a velocidad de crucero. En este las estrellas son las Cariátides, las auténticas, las que vemos en el Erecteión son réplicas. Una de las verdaderas se encuentra en el Museo Británico, faltaría más.

La comida es casi obligada realizarla en uno de los restaurantes de Plaka y no puede faltar la moussaka ni la ensalada griega. Algún que otro gato se acercará en plan pedigüeño.
Lo de las facturas es otro cantar. Un papel escrito a bolígrafo puede servir. En algún caso nos entregaron media docena de tiques en los que se especificaba los precios de lo consumido por un lado y los impuestos por otro, y a la que te despistabas desaparecían todos.

Y en esto del yantar no resistimos la tentación y probamos el koulouri, pan circular recubierto de semillas de sésamo, muy común en Grecia y Turquía. Por las mañanas son muchos los griegos que se acercan a un puesto callejero para comprarlos. Están ricos.


Vuelvo a los museos. No está demás darse una vuelta por el Museo Arqueológico Nacional. Esculturas y cerámica a montones. Las cerámicas negras una preciosidad. Algunas de las piezas que puede contemplar fueron preguntas de examen. La más conocida es la máscara de oro de Agamenón, que suele defraudar por su pequeño tamaño.



Callejeando por Plaka y luego Monastiraki nos acercamos al Ágora Antigua con su precioso templo de Hefesto. Desde aquí tendremos unas vistas preciosas de la Acrópolis. Siempre la Acrópolis.



En el barrio de Monastiraki nos tomamos un respiro, en forma de cerveza y contemplando al personal. Una visita al baño nos deparó la sorpresa de ver un suelo acristalado  que dejaba ver unas ruinas.

Otro punto de referencia es la plaza Sintagma. Frente a ella el Parlamento con los cambios de guardia. Lo hemos visto tantas veces en televisión últimamente que nos resulta muy familiar.

Desde Sintagma parte una calle peatonal, comercial, que nos conducirá hasta la pequeña iglesia bizantina de Kapnikarea. Esta iglesia está rodeada de modernos edificios que la empequeñecen aún más. Es una cocada. Pensé que iba a estar llena de turistas y no fue así, la mayoría eran personas que entraban a rezar.



La estancia fue corta pero bien aprovechada, dio para ver lo más “gordo”: La Torre de los Vientos, el Arco de Adriano o el Templo de Zeus Olímpico. Por cierto ¿a que no saben lo que se ve desde ese templo? Pues sí, la Acrópolis.



Por la noche subimos a la terraza del hotel y desde allí nos despedimos de una Acrópolis iluminada, espléndida.

La vida en Atenas será complicada, tal vez un poco más que en otros lugares de la eurozona, pero no vimos que el país se esté desmoronando. No son Alemania, Francia o el Reino Unido ¿acaso lo es España?

Una visita agradable, piedras hermosas y unas gentes muy amables.

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Atenas, la ciudad de la Acrópolis y los grafitis by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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