9 may. 2017

Agradecimiento a la madre superiora

Cualquier parecido con la vida, obra y milagros de Marta Ferrusola, dona del ya nada molt honorable Jordi Pujo es pura casualidad.

Estimada madre superiora:

Por fin tus méritos se han reconocido. Años, y paños, de ímprobo trabajo se ven compensados en estos momentos,  finales de tu prolongada carrera. Los 82 que atesoras, nunca mejor dicho, te han dado pingües beneficios. Hoy es justo que te los reconozcamos.

Tu figura ha estado siempre a la sombra del “Papa” y luego a la del capellán de la parroquia. Nunca ha sido más cierto aquello de que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Gracias a ti ese menudo hombre, algunos se atreverían a denominar retaco, siempre nos ha parecido un gigante. Y eras tú, la dona fibrosa, la que le hacía enorme a nuestros ojos.

Tú, en la sombra, has sido la matriarca, la urdidora de una tela compleja y protectora.

Has sido, madre superiora, la hormiga de la familia que miguita a miguita has reunido un puñadín para los malos tiempos. Nunca has hecho ostentación de nada que eso es pecado. Siempre has regateado la pesetas y ahora el céntimo. La pela es la pela.

Has evangelizado por todo el mundo y repartido esas migas con alegría y fervor. Has dispersado el fruto de tu devoción por pequeños y lejanos lugares.

Amantísima madre superiora, gracias a ti y los tuyos un pequeño principado vuelve a estar en la mente de muchos. Gracias a vuestra constante presencia se le conoce por algo más que el tabaco y  las radios de otros tiempos. Lo del esquí está muy bien pero necesitaban algo más. Nunca os podrán agradecer el impulso que les habéis dado, aunque hubieran agradecido un poco más de discreción.

Madre superiora, tu afán de sabiduría te llevó al profundo deseo de acaparar conocimientos y así te fuiste haciendo con una enorme biblioteca. La grandeza de tu corazón hizo que no dudases en hacer lotes y repartirlos a lo largo y ancho del mundo. ¡Qué nobleza! ¡Qué altruismo!

Tu fe te llevó a inculcarles a los tuyos, a la carne de tu carne, esos profundos valores. Son, sin duda, fieles ejemplos de su madre. El resto del tiempo lo dedicaste a esa labor tan relajante que es la jardinería. Por medio de este noble arte enraizaste con las esencias del pueblo dirigido por ese pequeño hombre que se hizo grande a tu vera.

Como gran devota, faltaría Mas, tu fe estuvo sustentada sobre la urna. El hombre pequeño que has hecho grande se convirtió en un gran recolector de papeletas que tú sabías invertir muy bien. Y en eso estaba Mas. En él tenéis una boca agradecida que siempre os ha demostrado una fe inquebrantable. ¡Es lo que tiene tu ejemplo madre superiora! Sirves de faro que ilumina a muchos en vuestra Arcadia, tal vez un tres por ciento, incluso un cuatro.

Sin darnos cuenta hemos descubierto que no sois los únicos con tanta devoción y afán por acaparar libros. Todo los días comprobamos que sois muchos los hijos de madres fervorosas como tú, madre superiora de todas las madres superioras.

¡Que siga cundiendo tú ejemplo!

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8 may. 2017

La regata por una vida real


Hay libros en los que importa poco lo que cuentan. Empiezo de nuevo. Hay libros que deben leerse tanto por la historia como por la forma en que está contada. Vuelvo a comenzar. Hay libros… Sí que los hay. Veamos si soy capaz a decirlo de una vez: a Manuel Vicent hay que leerlo siempre.

¿Muy rotundo? Pues no sé. Sí sé que Vicent es un magnífico escritor y que a mi me gusta todo lo que escribe. Sus libros, sus artículos, son inteligentes, irónicos y están tan bien escritos que me causan un gran placer.

La regata es  la historia de una travesía que se asoma una vida desconocida para la mayoría de la personas, la de los ricos y pijos. Una actriz, un rico con oscuros negocios, un polvo mortal y comienza la historia.

Por el libro navegan un cirujano plástico, un aspirante a escritor, un exministro corrupto, el dueño de una fábrica de cementos, un señor del Opus y su familia, un constructor o un abogado famoso y trafullero al que el corazón le gasta una broma pesada y que aunque no navega tiene su espacio. Estos y algunos más como Popete, el mecánico, que le echa un par de huevos y es capaz de enfrentarse a los ricachos para los que trabaja, forman parte del elenco de la novela.

Comida, calas y playas hermosas, sol, vientos o su ausencia y tormentas cubren las páginas salpimentadas con sexo…y con muerte. La muerte que cubre los fondos del Mediterráneo. Los cadáveres de la insolidaridad que ya no nos conmueven a la hora de la cena en los telediarios.

“El mar no quiere hacerse cargo de los náufragos que han muerto luchando contra la tempestad, ya se trate de héroes, esclavos, príncipes, mercaderes o navegantes desesperados que huyen del hambre de otras latitudes. Solo admite a gusto a cuantos naufragan en tierra y desean que sus almas se vuelvan azules. Cada día Ismael asistía a las noticias de miles de ahogados que llegaban flotando a esas costas y que el oleaje arrojaba sobre su conciencia. Esos cadáveres congelados, alineados en las playas con los ojos aún abiertos hacia nuestro paraíso, el mar no los quería porque se debían a la crueldad y la injusticia”.

La corrupción también compite en esta regata. Se desliza por el libro con la discreción tan necesaria en esos menesteres –y me refiero a la vida real-.

No se trata de una regata en toda regla. Es un desfile de egos en el que las pequeñas historias personales van tomando su camino.

La regata sirve a Manuel Vicent para, con unos destellos, ofrecernos los elementos necesarios para que la historia estimule nuestra imaginación. Realidad, con mención expresa a algunos personajes públicos, agitada con la ironía que atesora Manuel Vicent hace que se convierta en deleite para los sentidos esa cotidianidad de la corrupción, la ostentación, la crueldad humana y la lujuria.

No soy objetivo, desde luego. Tampoco quiero serlo. Siempre recomiendo a Vicent.

Oigan, no se fíen de lo que yo les diga, léanlo. Seguro que lo encuentran en su biblioteca pública o librería más cercana.

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1 may. 2017

La naturalidad de Derecho natural


Hay libros con los que me identifico, no soy el único, desde luego. Pues eso me ha pasado con Derecho natural de Ignacio Martínez de Pisón.

La época que describe, años setenta y ochenta del siglo pasado, nos pilló con la misma edad – bueno, él es un poco más viejo – y tenemos una percepción bastante similar de la misma.

La novela me resultó cercana. Al principio puede confundir y clasificarla como una novela casi costumbrista, histórica, social o vayan ustedes a saber. Pues no. Pues sí. Es todo eso. No es nada de eso. Es Derecho natural. ¡Vaya pérdida de tiempo intentar clasificarla!

En la sencillez, fruto de que Pisón escribe muy bien, se ve aquella España del final de la dictadura y principios de la democracia, mustia, oscura en la que la felicidad – si eso era posible – era imaginada y ansiada pero en la que la realidad no lo ponía nada fácil. Ese mismo deseo social de cambio y aspiraciones se veía en las familias. La de Ángel, el protagonista, también. No podía ser de otra forma.

Las apariencias engañan.

La transición política trajo consigo modificaciones en las relaciones sociales y familiares. La España franquista tan ordenada entró en erupción. La vida y las diversidades se hicieron visibles. Lo que la dictadura intentó matar solo consiguió hibernarlo.

La política, la incipiente independencia de las mujeres, el alejamiento de la asfixia patriarcal,  el acceso de hijos de clase baja a la universidad,  el nacionalismo, las drogas o la farándula, todos estos ingredientes, están en Derecho natural. Y por supuesto Demis Roussos. Dicho de otra forma, España vuelve a la vida en esos años, tras la muerte del dictador. Lo anterior era, para la mayoría, una cuestión de supervivencia, nada más.

Anhelos y frustraciones conviven en la novela y tal y como lo hacen en la vida. Sin estridencias Martínez de Pisón refleja muy bien esos años ilusionantes. El narrar en primera persona da a lo contado una mayor cercanía y verosimilitud. No se equivoquen no es una novela amable, lo es en la forma, nada más, en el fondo es dura y triste. Con esa tristeza que da la perspectiva del tiempo: sin rencor y sin olvidar nada.

Y no falta el amor entre hombres y mujeres, padres e hijos. No, realmente no es amor. Es la búsqueda del amor y como tal está llena de tropiezos. La relación de los padres de Ángel se basa en la resignación, casi sumisión, de Luisa, su madre. Acabará rebelándose sin perder la inseguridad que les inculcó el franquismo a las mujeres.

Por su parte, Ángel (hijo) se enamoró de un imposible: Irene. Toda una vida dedicada a ese amor y… llegado a este punto les recomiendo que se lean el libro.

Lo dicho, una novela en apariencia tierna pero que en absoluto lo es. Me identifiqué con ella en muchos momentos y me atrapó. No tengan dudas, léanla.

Ya saben, disponible en su biblioteca pública o en su defecto librería preferida.

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28 abr. 2017

Incendiarios

Invierno seco. A medio camino de la primavera la vegetación aún hiberna. Días de altas temperatura con viento son los factores ideales para que dé comienzo la temporada de incendios en Asturias, Galicia o Cantabria.

No son incendios producto de accidentes, son provocados.

Mientras escribo esto los helicópteros contraincendios no dejan de sobrevolarnos. Una vez más el suroccidente de Asturias huele a humo.

Vuelvo atrás, no son pirómanos, son incendiarios. Gentes que saben lo que hacen y para qué. ¿Motivos? Pues no voy a ser yo el que lo diga. Quienes tienen toda la información no dicen nada por miedo a perder votos.

¿Hay tantos pirómanos en Asturias, Galicia o Cantabria? Pues va a ser que no. ¿Cuáles son las causas entonces?

Cuando los incendios, intencionados, se producen en zonas turísticas y cercanas a las costas se habla de intereses urbanísticos. Esta imputación suele confirmarse cuando al cabo de un tiempo, no muy largo, se empieza a construir.
Los Ayuntamientos se pasaron por el forro la legislación y venga a cobrar tasas y lo que no eran tasas urbanísticas.

Una segunda causa, según lo que se nos cuenta, son los incendios provocados por intereses madereros. Los árboles quemados se venden a un precio mucho más barato por lo que hay quienes se benefician en grado superlativo.

Achacan un tercer motivo a la intención de crear pastizales, sobre todo en las zonas interiores y de media montaña. En estos casos la ocupación de estas zonas quemadas nunca cumplió los tiempos marcados por la ley. Ahora, con la eliminación de los acotamientos, los  incendios se han disparado. Eso es así de cierto. Oigan, que en siete días en Asturias se produjeron 193 incendios y 61 conatos.

Por favor, les ruego que no me hablen de pirómanos.

Aprovechando las circunstancias hay algún político que, como el gran visir Iznogud, quiere ser califa en lugar del califa y anda apoyando lo que sea menester. Nada, cosas de miserables.

Oigan, esto lo dicen los que saben de estas cosas e investigan los casos.

Hay otra causa, repito que según dicen, y es que algunos de estos incendios están provocados para acabar con los animales salvajes que tanto perjudican a los ganaderos y agricultores. Sobre todo en aquellos lugares donde hay mucho matorral.

Pues bueno. Serán alguna de estas las causas, una o varias a la vez. ¡Yo que sé!

La única certeza que tengo es que la inmensa mayoría son incendios provocados por intereses económicos, no por pirómanos – la piromanía es una patología -. Esos incendiarios – que a título informativo son aquellos que incendian con premeditación, por afán de lucro o por maldad – nos están jodiendo a todos.

Con su criminal acción ponen en peligro la vida de personas, no solo de los bomberos – que ya sería demasiado – sino incluso las de sus vecinos y las propiedades de otros. No contentos con esto, nos obligan gastar ingentes cantidades de dinero en apagar los incendios y luego en repoblar.

Para rematar la faena sumemos los desastres medioambientales que provocan. Y no solo. Los argayos en las carreteras son otra consecuencia que nos afecta directamente a todos los ciudadanos.

Incendiario es sinónimo de delincuente. Así de claro. Luego podremos hablar de otras cosas y de los males que pueden afectar a determinadas zonas o sectores productivos, pero eso no se soluciona metiendo fuego a los montes.

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24 abr. 2017

Paseando el Bellas Artes de Asturias

Vacaciones de Semana Santa y a Oviedo se le notan los turistas. Guiris y nacionales recorren las calles de la vieja Vetusta.

Se va acercando la hora de comer y son muchos los que se paran a la puerta de bares y restaurantes para comprobar la oferta gastronómica y el precio, claro. Los más miran con asombro el escanciado de sidra.

La mayoría no habrán venido para ver procesiones, para eso están otras ciudades, no nos engañemos. Deambulan de una calle a otra. Fotografían la catedral, se hacen fotos con la Regenta y recorren El Fontán.

Muchos de esos turistas no se acercarán a los monumentos prerrománicos. La impericia a la hora de “vender este producto” de tantísimo valor histórico y estético los hacen pasar casi desapercibidos.
Serán aún más los que no visiten el Museo de Bellas Artes de Asturias. Aunque esto no debería parecerme extraño cuando una gran parte de los asturianos aún no lo conocen.

Los tres edificios que lo componen: el Palacio de Velarde (1765), la Casa de Oviedo-Portal (1660) y el edificio de Ampliación, diseñado por Francisco Mangado e inaugurado en 2015, forman un curioso conjunto que alberga muchas joyas pictóricas, también algunas esculturas.

El proyecto de ampliación resultó agotador. El resultado final me gusta. Los contrastes entre unos y otros edificios lo sacan de la uniformidad, aún con los problemas que acarrean las adaptaciones de antiguos inmuebles  a nuevas actividades. Lo peor de todo son las conexiones entre los edificios que ni son cómodas ni atractivas. Incluso hay quienes dicen que es un poco laberíntico. Así y todo me gusta.

En las entradas de acceso, tiene dos, una por la calle Santa Ana y otra por la Plaza de Alfonso II el Casto, pueden recoger, gratis, un folleto informativo que les orientará. Por si alguien no lo sabe, la entrada es gratuita.


El viernes, para los creyentes cristianos Viernes de Pasión, decido visitar la exposición temporal Una edad de Oro: arquitectura en Asturias 1950-1965. Me prestó. Se aprende un poco sobre algunos edificios que casi vemos a diario.

No lo resisto y me decido a recorrer el museo. Un paseo rápido, no es la primera vez ni será la última que lo visitaré.

Hay gente, la mayoría foráneos. Hacen la visita a la carrera. Cuando regresen a sus casas podrán contar que comieron fabada, intentaron echar un culín de sidra, que no llovió en Asturias y que visitaron el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Estoy exagerando. Algunos padres – creo - intentaban explicar a sus jóvenes acompañantes el valor de lo que estaban viendo. Sus caras no denotaban demasiado interés ni en las obras ni en la explicación. El adulto no cejaba en el empeño y los jóvenes no dejaban de mirar el móvil. Seguramente estarían comprobando la veracidad de lo que les estaban contando. Seguro.

Se acordarán de que hay cuadros de El Greco, Zurbarán, Murillo, Goya, Sorolla, Dalí, Picasso, Tápies o Barceló. O tal vez no, pero los hay. Incluso, quien sabe, que estuvieron frente a obras de Luis Fernández, Piñole, Evaristo Valle, Navascués, Alejando Mieres – mi profesor de dibujo en el Instituto Jovellanos de Gijón -, Saura o Carreño Miranda, por mencionar a unos pocos.

Habrá quienes se empeñen en grabar con sus móviles – está prohibido - y los vigilantes de las salas tendrán que realizar alguna que otra persecución. Da igual que se lo expliquen con toda amabilidad, una fiebre compulsiva azota al mundo desde que los teléfonos se han convertido en cámaras de vídeo y fotografía y eso parece producir trastornos en determinados individuos.

Cuando se transita por la Casa de Oviedo-Portal los suelos de madera se quejan. En el silencio que suele reinar, el daño que provocan nuestros pies producen ese lastimero chirriar que a oídos de alguno sonaba a cacofonía fantasmal y estaba empeñado en grabar tan originales crujidos.

Una pareja se quedó embelesada ante un cuadro – no recuerdo cual, lo siento – y hablaban de cómo resaltaba, la sensación de profundidad, el color… me acerqué – prudentemente - y agucé el oído: ¡estaban hablando del marco!


Aunque me propuse echar poco tiempo no fue posible. Una paradita aquí, otra allá, me senté un poco y cuando me di cuenta llevaba casi una hora y media dentro. No fui el único que se sentó. En una de las salas dos mujeres se tomaban un descanso y tuvieron tiempo para hojear La Nueva España.

No sé si por las calles había alguna procesión en ese momento, yo en todo caso estaba contemplando el Cristo muerto en la cruz de Zurbarán, el Apostolado de El Greco o El Descendimiento de Ricardo Mojardín.

Y es que la Semana Santa da para mucho y a cada uno según le apetece. Muchos directamente se fueron a las playas, y algo de envidia les tuve.

Les recomiendo que visiten este magnífico museo, que aún lo será más con las incorporaciones de las  29 obras donadas por Plácido Arango.

Las pasiones son muchas y la de contemplar estas obras de arte la tenemos muy cerca.

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